La segunda etapa de un estudio realizado en 2024 podría contribuir a
identificar a personas con mayor riesgo de desarrollar enfermedades
neurodegenerativas.
Investigadores del Laboratorio de Neurociencia Social y Neuromodulación, del
Centro de Investigación en Complejidad Social (CICS) de la Universidad del
Desarrollo, llevan años estudiando sobre cómo los mecanismos cerebrales
funcionan según nuestras conductas y si se alteran por factores externos como
virus o bacterias.
Pero fue la pandemia la que hizo que los especialistas analizaran la relación entre
la anosmia (pérdida del olfato, uno de los síntomas más comunes de Covid-
19) con los cambios conductuales y estructurales del cerebro, teniendo en cuenta
que uno de los primeros síntomas de algunas enfermedades neurológicas como la
demencia, el alzhéimer o párkinson es precisamente la pérdida del olfato.
Así, en 2024 concluyeron que pacientes recuperados de Covid19 que sufrieron de
anosmia, tuvieron cambios conductuales, funcionales y estructurales en el
cerebro. Por ejemplo, eran más impulsivos al tomar decisiones, lo que demostró
que esta enfermedad no sólo tuvo incidencias a nivel respiratorio, sino también en
el sistema nervioso central.
Pero esa investigación no quedó ahí. Este año la revista Scientific Reports, del grupo Nature,
publicó una actualización del
estudio que da cuenta por qué algunas personas siguen presentando problemas
cognitivos después de haberse recuperado. Para ello compararon a 70 personas
que habían contraído el SARS-CoV-2 con otras 26 que se recuperaron
de algunas infecciones respiratorias como influenza u otros virus.
Y si bien el primer estudio identificó la anosmia como un indicador clínico asociado
a alteraciones conductuales, funcionales y estructurales del cerebro tras
presentar la enfermedad, el segundo demuestra que las secuelas cognitivas post
enfermedad se relacionan con cambios en las oscilaciones neuronales y en la
conectividad de la sustancia blanca (carreteras que coordina la comunicación
entre regiones cerebrales), y que existen distintos perfiles neurobiológicos que no
pueden explicarse únicamente por síntomas como la anosmia.
El director del Laboratorio de Neurociencia Social y Neuromodulación y uno de los
principales investigadores del estudio, Pablo
Billeke, comenta que en la primera parte del estudio sólo analizaron tareas de
toma de decisiones y en el segundo, agregaron el control inhibitorio
y de memoria a través de neuroimagen multimodales y resonancias
magnéticas para ver la estructura del cerebro y encefalogramas para
ver su actividad eléctrica.
“Pudimos identificar que había una asociación entre la estructura cerebral y cómo
ésta genera la actividad eléctrica para poder resolver cada una de las tareas.
Había pacientes que tenían un déficit en la parte más inhibitoria y otros más en
parte de la memoria y la impulsividad”, explica.
Es decir, “había dos perfiles de pacientes que tenían diferentes características
cerebrales y eso es importante porque nuestro Laboratorio está muy orientado a
encontrar marcadores cerebrales que puedan orientar tratamientos, terapias de
entrenamiento cognitivo y estimulación cerebral”, añade.
Además, la pérdida del olfato durante la infección se relacionó con cambios en el
cerebro. Estas personas presentaron un menor grosor en algunas zonas de la
corteza cerebral y cambios en la sustancia blanca, que conecta y permite la
comunicación entre distintas áreas del cerebro.
De esta forma, la llamada “niebla cerebral” post Covid tiene una base biológica
medible y no todos los pacientes presentan exactamente el mismo mecanismo
cerebral, ayudando a entender por qué algunos experimentan dificultades
prolongadas de concentración, memora o toma de decisiones, incluso después de
haberse recuperado.
“Hoy en día hay fuertes evidencias que muestran que los virus se relacionan con
el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, entonces queremos que estas
investigaciones tengan implicancias reales en cosas prácticas porque esto
podría ayudar a identificar a personas con mayor riesgo de tener enfermedades
neurodegenerativas, como demencia o Esclerosis Múltiple y a generar
intervenciones, si es que encontramos los mecanismos causales, por ejemplo,
para la memoria”, dice.























































