Señor Director:
A medida que la inteligencia artificial se integra a nuestra forma de trabajar, surge una pregunta relevante: ¿qué ocurre cuando una tecnología que amplifica nuestra capacidad para resolver problemas comienza también a ocupar el espacio donde aprendemos a resolverlos?
Un estudio de Boston Consulting Group advierte que la mitad de los ejecutivos consultados percibe una erosión de capacidades como el pensamiento estratégico, el juicio y la creatividad, y más del 60% cree que este fenómeno aumentará durante los próximos cinco años.
La IA puede hacernos más eficientes y liberar tiempo para tareas de mayor valor. El riesgo aparece cuando delegamos aquello que necesitamos seguir desarrollando. Porque pensar también es una capacidad que se entrena: contrastando ideas, formulando nuevos cuestionamientos, tomando decisiones y aprendiendo del error.
Desde una mirada sistémica, el desafío para las organizaciones no es solo incorporar IA, sino definir qué capacidades humanas queremos amplificar con ella.
Mientras más poderosa se vuelve la tecnología, más relevantes son el criterio, la curiosidad, el juicio y la responsabilidad.
La pregunta estratégica no es si la IA nos reemplazará, sino qué parte de nosotros estamos dispuestos a dejar de ejercitar.
El desafío es que la tecnología amplifique nuestro criterio, en lugar de reemplazarlo.
Rocío Romero Robles
Paula Amoroso, consultora Estratégica y Coach Ejecutiva Dinámicas Humanas y DHumanLab.
































